23.10.09

4ta Presentación de Un duro despertar

La Feria del Libro de Trujillo, durante el verano del 2009, sirvió de ocasión para reencontrarme (y perderme) en Huanchaco con Franco Salcedo, Mariano Vargas y Tim, un prolífico escritor de la hermosa Pimentel.

29.9.09

Entrevista a Aldo Pancorbo



Programa "Confirmado", Canal 7, con motivo de la 1ª Feria del Libro Lima Norte 2008, organizada por la Cámara Peruana del Libro.

28.9.09

Grazziela!!!

Si es difícil hablar sobre cómo es hacer una novela mientras uno lo está escribiendo, más aún lo es después de terminarla. No obstante, Un Duro Despertar no sólo fue una novela o la idea de una persona. Fue una multitud escondida en un sólo rostro o rastro. Fueron mañanas con olor a pólvora, con despedidas antes de partir y madrugadas animadas por la lluvia, el jazz, el bebop, Cretásico (producido por Blanca Nieves y los siete enanitos), y por las ganas de seguir quitándome la razón.
Un Duro Despertar sobrevivió a la confusión del día con la noche, y de la noche con el día; a la hibernación de mi instinto asesino a merced de la violenta creación literaria; a la infiltración del humo de la calle en mi pan con queso derretido; y a la presencia de Ella disfrazada de su ausencia.
Si bien fui yo el que la vio nacer, alimentó y finalmente enterró la novela, no hubiera sido posible resucitarla sin la desinteresada ayuda de mis padres, Carmelo y Georgina, y de mis hermanos, Sergio y Gina. Y claro, agradezco también al Gran Osi por darme su tiempo no humano. Asimismo, Un Duro Despertar agradece a otros terrícolas y seres mitoilógicos que apostaron por él sin antes haberlo conocido: AKITO, el F., Mariano- ex enfermero siniestro-, los beats, Calamaro, Marc El Loco, Rafaella, Paloma, la pequeña Lucía, mis tíos Andrés, Manuel y Enrique, la familia Paúcar Rivera, César "El cantante de los cantantes de la Nueva Ola" Carbajal, mi primaza Claudia, el detective Armas, Blanca (La Poli), Leandro, la gente de Tienda, la gente de Gálvez, Salas, La Bruja, Choclo. Así como a otros que no pudieron llegar a conocerlo, en esta vida: la risueña Adriana Dávila y mi abuelo- el Patriarca- Don Carmelo. Y a todos los salmones que siguen yendo en contra de la corriente, aunque no haya ningún río.
Aldo Pancorbo Valdivia

17.7.09

Fragmentos

Porque para mí vivir es una forma de vida... se escuchaba por los parlantes de mi auto cuando volvía de Los Álamos. Era la voz de Andrés Calamaro en Los Rodríguez. Frené violentamente: un perro que intentaba pasar de una vereda a la otra, se había detenido en medio de la pista. Con el rabo escondido entre las patas, al verme frenar, subió de inmediato a la vereda. LLevaba en su hocico una paloma muerta.
Ya casi era la hora de almuerzo y mi viejo siempre necesitaba el carro por las tardes para irse a trabajar. Yo también la estaba haciendo, a mi modo, pero la estaba haciendo. Se vive para trabajar me contaron siempre, luego que hay que trabajar para vivir, y termina siendo un círculo vicioso, pero sin vicios. Reconozco que estoy más cerca de la muerte mientras más vivo quiero estar y más planes quiero hacer. Negarlo nunca me llevo a nada. No voy a perder el tiempo trabajando cuando puedo morir en cualquier momento por una bala perdida que entre por la ventana del bus y me golpeé durante mi frágil sueño, y acabe muerto, rodeado por señoras que lloran al verme ensangrentado y sin vida a esta corta edad. Más tarde, las mismas señoras verán la noticia de mi muerte por televisión y confesarán mientras comen en familia: "Yo lo ví, fue horrible". Luego cambiarán de tema y hablarán de una chompa de cachemira que vieron en el catálogo de Ripley. Trabajaría más bien para tener una muerte digna y silenciosa.
Bueno, estúpido o no, tenía un plan, y había una propuesta con dinero de por medio. El único que estaba a mi favor era yo. Ni Anselmo ni Javier querían ir en busca de la chica. Ambos tenían familias que se preocupaban por el peligro de taxear en Lima, donde cualquier pasajero puede sorprenderte con un cuchillo en el cuello, segundos después de "prevenirte" con sabias palabras del peligro de los mata-taxistas y de la impunidad que reina aquí. En cambio, como en mi casa no sabían que taxeaba, no les preocupaba en lo absoluto. Pensé realmente que era mi oportunidad para "hacerla": me iría de mi jato, no dependería de mi familia por un tiempo y publicaría mi novela que hacía meses terminé de escribir. Me juré a mí mismo que, luego, cuando volviera a mi casa, lo haría con los bolsillos llenos, con la frente en alto y sin nada que ocultarle a mi familia.
Ser invisible y hacer cosas visibles.
(. . .)
Se bajaba el telón de la tarde. El sol invernal abrazaba por última vez el cielo gris de Lima y, a diferencia del verano, no podía verlo aparecer por última vez en el mar. Deseé que todo acabara, pero sentía que nada había empezado aún. Estoy acá por algo, siempre he estado aquí o allá por algo, pensé. El único hecho, para mí, eran las trescientas lucas con que iba en busca de la tal Zoe y las cuatro mil setecientas que me estaban esperando. Me sentí porgramado por mí mismo. Una especie de autosuficiencia que no me venía mal.
Pasé delante del parque de La Pera que se encontraba al borde del malecón. Llevaba ese nombre porque a tempranas horas de la mañana llegaban sonrientes y despreocupados algunos colegiales que se contaban de modo épico cómo habían hecho para zafar de sus aulas; además de parejas furtivas, casi siempre menores de edad acompañadas de sexagenarios. Mientras el sol languidecía, coloreando el cielo de un amarillo decadente, vinieron a mí imágenes en blanco y negro de las veces que paseaba junto a Mirna por aquel parque hacía un par de años. Vinimos pocos días pero cada uno fue interminable. Mirna solía tirarse en el pasto, boca arriba, ensuciándose lo menos posible su uniforme para que su vieja no se diera cuenta de lo que hacía después del colegio; mientras yo le leía algunos de mi poemas y olvidaba que tenía clases en la universidad por las tardes. Luego nos parábamos en el parapeto, al pie del acantilado, y nos tomábamos fortísimo de la mano. Nuestra única urgencia era respirar el aire confundido entre el humo de la yerba y la brisa del mar que subía por el acantilado. No le hacía falta nada más a mis tardes/noches de verano. Mirna decía grandes cosas sin hablar. Cuando permanecía en silencio, sus enormes ojos verdes miraban hacia adentro, hacia sus pensamientos, haciendo que su inteligencia le brillara en la frente. Bastaba una mirada auscultadora suya para que pudiese descifrar mis más oscuras sensaciones. Ella tenía dieciséis años entonces y soñaba con ser actriz de cine. Yo la proyectaba haciendo un papel provocador y controversial, a lo Brook Shields en "Niña Bonita", donde la actriz interpretaba a una adolescente que es criada en un burdel por su madre y las demás putas. En la noche el peligro consistía en correr y escapar de la policía municipal de Magdalena cuando nos pillaban fumando yerba. Luego, Mirna y yo volvíamos a la misma banca ni bien todo estaba oscuro y apacible como un bar en la mañana. Terminábamos el día con la comida cayéndose de nuestras manos, observando y riéndonos de la violencia con que se movían los auto de algunas parejas, estacionados alrededor del parque. Yo me excitaba con la naturalidad que tenía Mirna para ver las cosas a su corta edad. Ella sólo quería que nos besáramos y, de vez en cuando, que nos tocáramos por debajo de nuestras ropas. Qué podía decir. Me gustaba que le gustara. Luego Mirna se escondió como el sol en invierno: no pude verla aparecer por última vez.
En aquella ocasión, el peligro venía y pasaba. Ahora lo reconocía y oía sus crujientes pisadas a distancia. Se quedaba a mi lado y conversábamos. Ambos respirábamos el mismo silencio siniestro y ensordecedor. Ya no se iba de mi lado; él sabía que tenía todo el tiempo para darle. Visioné a través del retrovisor un puente colgante de soga que me llevaba al camino de regreso. Quizás era cuestión de dar la vuelta, olvidarme de esta estúpida misión y reconciliarme con mi familia. Pero ya no consistía en huir de casa y regresar al poco tiempo. Ahora del que escapaba era de mí y de mis recuerdos.

NOTA DE PRENSA

Un joven taxista de moral flexible queriendo salir de la rutina. Un crimen no esclarecido y una madre dispuesta a pagar por una venganza. Una asesina con suficientes motivos y un asesinado con suficientes culpas.

Hormiga Editores presenta Un Duro Despertar
La primera novela negra de Aldo Pancorbo.

–Willy mató a Boris. Tenía que hacerlo –dijo Rebeca mientras intentaba meter en su boca la mayor cantidad de dedos para poder arrojar.
En medio del zumbido de mi placer, no tomé en cuenta lo que acababa de decirme; me bajé la cremallera y la penetré mientras ella vomitaba.

Un Duro Despertar, primera novela de Aldo Pancorbo (Lima, 1981), es un tributo limeño al género negro y al realismo sucio. A diferencia de los policiales clásicos, aquí sabemos desde el principio quién es el asesino: ha muerto un productor de reality shows y Zoe, su asesina y ex novia, es hija de un general de policía. Lo que Fabio (un taxista recién egresado de la universidad) tiene que hacer es encontrarla y entregársela a la madre de la víctima. El camino que Fabio recorre nos adentra en una historia propia del realismo sucio, pero aumentan los asesinatos y la historia da varios giros insospechados, propios de un buen thriller policial. Zoe, por su parte, se convierte en la otra protagonista de la historia, y sus vidas, además de reflejar el temperamento y estilo de vida de toda una generación, quedan envueltas en un aura de fatalidad romántica. Una novela digna de ser filmada.

Aldo Pancorbo estudió Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Editó la revista literaria y contracultural Marc el loco. Actualmente está escribiendo La Falsa Despedida, continuación de Un Duro Despertar.
De venta en las librerías más importantes de Lima (Crisol, Íbero, El Virrey, Contracultura, Casatomada)
Agradecemos su difusión.

11.7.09

3ª Presentación de Un Duro Despertar, Centro Cultural de España

A continuación, el comentario de Ernesto Carlín, quien presentó mi novela aquella noche de junio de lluvia y neblina. Él actualmente es editor de culturales del diario El Peruano y autor de la novela Falso al Amanecer, uno de los mejores libros publicados en la década de los noventa.


ENTRE RAYMOND CHANDLER CHICHA Y OTRAS LECTURAS

Voy a hablarles de lo que he encontrado en este libro como un lector más, sobre qué relaciones con otros libros me llamaron la atención. Empecemos por un lado que no es el que se ha destacado a la hora de promocionarlo. Desde las primeras páginas en las que se va perfilando la figura del protagonista, Fabio, este detective taxista con aspiraciones frustradas a ser algo más, recordé a otros personajes similares. Por ejemplo, el cambista de Caramelo Verde de Ampuero, y alguno que otro texto de este autor. Dicho sea de paso, Pancorbo tiene con Ampuero más semejanzas que el tipo de personaje como, por ejemplo, esa pasión por la novela negra de la que hablaremos más adelante. Esta imagen del intelectual o profesional venido a menos metido a detective lo vemos también en El fondo de las aguas, la última novela de Peter Elmore. Claro que la de Elmore tiene una clave más onírica, juega más con la fantasía y los sueños, que esta de Pancorbo, mucho más realista. Pero, curiosamente, sus personajes deambulan por algunas calles parecidas, en concreto, las de Magdalena.
Ahora bien, si hablamos de realismo sucio en el Perú, una tendencia con la que se ha asociado a Pancorbo, un título recurrente es Al final de la calle de Oscar Malca. No voy a hablar de los parecidos obvios de drogas, música, calles como Magdalena, lenguaje callejero, y demás. Es evidente que hay una relación allí, pero eso no es lo que quiero destacar. Los que han leído el libro de Malca recordarán una escena en que en uno de esos buses de finales de los ochenta una escolar tiene sexo con un desconocido. Yo no sé si Pancorbo conscientemente o no se inspiró en este pasaje, pero de todas formas le resultó un bonito homenaje o guiñada de ojo al libro de Malca con un momento muy parecido. Esta vez es protagonizado por una chica en franco proceso de degradación, la femme fatale de la novela, Zoe. Ella tiene unos añitos más que la quinceañera de Malca y no es escolar pero deja que le hagan el amor alguien que cree conoció en el colegio. Rizando el rizo, podríamos decir que el episodio de Un duro despertar es el reflejo algo distorsionado por los años de su predecesor.

Ahora bien, hablemos la influencia más evidente, más fuerte, de este libro: La novela negra. Una descripción corta de la trama de Un duro despertar: Un chico busca una chica. Un joven taxista que recibe el encargo de encontrar a una posible asesina y en el interín, ¡oh sorpresa!, se enamora. Los detalles no importan, pues nada es lo que parece, todos traicionan a todos, los hechos se suceden sin pausa y si queremos explicar paso a paso lo que sucede descubriremos, como en las buenas novelas de detectives, que es una suma de coincidencias improbables en la realidad pero que funcionan bien en el papel.

Lo único que le importa al protagonista, o al menos eso quiere creer, es cobrar la recompensa por encontrar a la chica. Dicho sea de paso, Zoe es toda una mujer fatal en regla y adaptada para estos tiempos de drogas y sexo al paso. El protagonista no se queda atrás. Si la novela negra clásica tenía a esos detectives borrachozos, aquí tenemos a Fabio, que hace sus pesquizas entre huirito y huirito, con uno que otro peñisco de coca.
Pero ya que hablamos de novela negra, creo que es justo mencionar la influencia más evidente de Pancorbo: Raymond Chandler. Sólo basta leer el título de la novela para sentir el eco del nombre de obras como El sueño eterno y El largo adiós, etc. El epígrafe de Chandler es por eso muy acertado también. A mí personalmente me gusta de Chandler esas frases cortas llenas de ironía que resumen en pocas palabras la situación.

Voy a leer una de las tantas frases que he encontrado en Un duro despertar que tienen el sabor de Chandler:
"Yo no odio a los policías, señora. No tengo tiempo para hacerlo". Esta, particularmente, me hizo recordar a: "I never saw any of them again - except the cops. No way has yet been invented to say goodbye to them." ---The Long Goodbye (Chapter 52)

Opino que de seguir vivo Chandler, merecería que Pancorbo le invite un par de chelas, mínimo o, ya puestos en el tema, un huirito. Por lo que sé, ya Pancorbo amenaza con una segunda entrega de esta historia. El nombre opcional de la próxima novela es La falsa despedida. Ya desde el título hace presagiar que tendremos al taxista detective por un tiempo entre nosotros.

Ernesto Carlín.

1ª Presentación de Un Duro Despertar 27_03_08



En pocas palabras fue una reunión íntima, tanto así que parecía una escena robada de una pesadilla en la que aparecieron mis amigos de la infancia, compañeros de bares y de por ahí, mezclados con mis familiares y enemigos. Gracias por acompañarme un día que salíó mejor de lo que esperaba. Y gracias también a Delfín por poner el bar Delfus y su buena onda.

" Más vale la rosa con espinas que las espinas sin la rosa".

Andrés Calamaro


Jaime Vargas Luna (editor), Eloy Jaúregui (no necesita presentación) y Johnnier Montaño.

El respetable
Koki y Los Clandestinos